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lunes, 5 de marzo de 2007

BALADA PARA UN CUERPO

Duermes,
el amor deja un rastro de infinito
por el que no corre la sangre;
es una lágrima que deletrea el aire.

Duermes,
y te evaporas lenta
como el río, como una nube
en busca de horizonte.

Sí. Ya sé que, a veces,
la rueca del destino
hila sombras en el espejo
y el polen se llena de gemidos
y se deshace el nudo
en el cordel que te ata al cosmos.

Y entonces,
la sábana invisible de la soledad
late dentro
y entrelaza las letras
y vibra
y llora
y vive
y ríe
y se deshace en olas
de vértigo asustado.

Pero yo también amo tu cuerpo,
la espesura del bosque
en el que gravitan los astros,
la laguna etérea
que apaga el fuego
imantado del delirio,
el viejo arco iris del amor
que tatúa el alma.
Saludos

EL Lic

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